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Vilma

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Blanco, marrón, gris y una marca negra en la nariz. La luz la alumbra mientras a mi lado se duerme. Parece que sueña con el cantar de los pájaros, el juego del hipopótamo rosa o alguna tímida mariposa. Disfruto tenerte, tu cariño lo presiento, tu alegría al verme me enternece y mi felicidad al encontrarte me consuela. Eres un manojo de pelos, un peluche que se mueve, te encanta que te acaricie, así como a mí, que me mires. ¿Ronroneas? Sí, y mi alma se llena al saber que sí, que me esperas.

Y un ajedrez incompleto...

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Me dejaste una piedra blanca, una corbata negra colgada en la percha y un maullido de madrugada. Te llevaste mis lágrimas caprichosas, un lobo dibujado y una funda para cubrirte entero. Tanto te cubres que no alcanzo a adivinarte. Tanto aúllas que no te escucho. Tanto cielo que me pierdo. Tanto te imagino que a veces deliro. Curioso el corazón, que apuesta con la razón a ver quién gana la jugada. Terco el corazón, que sabe que pierde y la razón, divertida, lo deja que sueñe. Cielo mío, por darte un beso yo muero. Por abrazarte yo espero. Por amarte...

Tiempo

Dos años, 7 meses y 12 días . Despierto de un sueño con aroma a rosas mezclado con vid y melancolía. Las palabras salen a borbotones, necesitan escaparse para librarse del hechizo, su tarea es dejar espacio a eso otro que llega, a ese nuevo despertar que poco a poco va descubriendo otra vez una cama ancha como Castilla, una medianoche ausente y un alba bullicioso de cantos en el cielo. Tres meses, 24 días y una pregunta . Un 24 vi la luz. Dos más 4 son 6. Seis dividido 2 son 3. Tres son las palabras que aun retumban en mis oídos: no tiene sentido. ¿Es verdad? Dos años, 1 mes y 24 días . Otra vez el 24. Me sigue incansable allá a donde mis ojos miren. Allá a donde mis labios hablen, allá a donde mis manos toquen. Y siguen las preguntas, también incansables, que no dejan de acudir a mis curiosos intentos por aclarar el sol del mediodía. El corazón se acelera, un rayo me atraviesa la boca del estómago, sigo desarmando la historia para volver a armarla y tratar de encontrar el error. Pero ...

chau nada

Poco a poco llega el frio. Nada cambió, aunque parece que todo es diferente. Los años pasan a lo loco, cada vez más rápido, cada vez más rápido se van sucediendo las mismas cosas, los mismos acontecimientos planeados hace ya tiempo… solo me alumbra la luz de un rayito y veo la taza medio llena que me invita a terminar este trago. Doy marcha atrás y me deja un verano, otro verano con agujeros negros, con nubes de olvido, con la memoria esquilmada y el recuerdo que, poco a poco, también me abandona. Pasan los años y no me doy cuenta de que nada pasa. Me pregunto una y otra vez qué hago, por qué pienso, por qué las palabras me desvelan… No tengo respuestas, me parece todo demasiado igual. Entonces saludo a nada, que pasa…

a lo lejos

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Igual estoy delirando. Pero me dejo andar con los pelos al viento, soñando, soñando, soñando. Galopar sin rumbo con el viento y mi caballo. Aunque, en el fondo, yo siento que soy ese caballo. En un atardecer teñido de verde, con reminiscencias de lluvia, el sol cae sin que nadie se atreva a impedírselo. Él, como amo indiscutible de nuestro universo, decide alumbrar por última vez los esfuerzos quijotescos por volar alocadamente al ritmo de ese mismo viento. Son los viejos molinos que me traen el recuerdo de aquello que fuimos y aquello hacia lo que vamos.

sin palabras

Y si, sigo delirando. Pero indignada por la desfachatez de esas palabras envenenadas. Porque se cree superior. Porque cree que subió a lo más alto y que de allí no bajará. ¿Cuánto? ¿Unas perras? ¿Chauchas y palitos? ¿Un vuelto? ¿Las sobras? ¿Un precio? ¿Era esto el anhelo de su vida? Parece que lo ha conseguido. Su necedad le hace creer que ha conseguido al fin su tesoro. La soledad es aquello que encontrará muy pronto. Eso sí, en un palacio prestado, hecho de hielo, al que inevitablemente llegará en verano.

juego

Todo me parece nada. Todo me parece un juego. Jugamos a ser grandes, a ser adultos, a ser para siempre. Mientras tanto, las horas pasan. La soledad, el dinero, las estrategias, la apariencia, el periódico salmón… El interminable juego que acabará tarde o temprano sin ganadores ni perdedores es un juego en el que se gana o se pierde a medida que se juega. A todos los que vamos ganando nos encanta participar, aun sin tener bien claro donde está la victoria. Los que parece que van perdiendo saben que también, allí donde se termina la calle, nos espera por igual la nada.